Parasitosis subclínicas: lo que no vemos también importa

Muchos caninos pueden albergar parásitos intestinales sin manifestar signos clínicos de enfermedad evidentes como diarrea, vómito o pérdida de peso.

Estas infecciones frecuentes en caninos, se conocen como parasitosis subclínicas, debido a que el animal aparenta estar sano pese a la presencia del parásito. Debido a la ausencia de signos claros, pueden pasar desapercibidas durante meses, favoreciendo la eliminación continua de formas infectantes como huevos y larvas al ambiente y la posible transmisión a otros animales o personas, lo cual representa un riesgo epidemiológico (Taylor et al., 2024; Unal y Gokpinar, 2020).

Muchos caninos pueden albergar parásitos intestinales

Fisiopatología e impacto en el hospedador

Las parasitosis subclínicas pueden afectar a los perros de forma crónica y silenciosa, alterando la microbiota del intestino delgado y del colon, lo que repercute en la absorción de nutrientes.

Además, pueden comprometer el estado inmunológico del hospedador e incluso afectar su rendimiento general (Taylor et al., 2024).

Este tipo de infecciones puede persistir durante periodos prolongados, ya que el sistema inmunológico del hospedador es capaz de controlar parcialmente la carga parasitaria sin lograr eliminarla por completo (Taylor et al., 2024).

Epidemiología y transmisión

Todos los parásitos tienen un ciclo biológico que implica una serie de etapas que le permiten su reproducción y transmisión. De manera general, los ciclos inician mediante la eliminación en el ambiente de fases infectantes que pueden ser larvas, huevos, quiste u ooquistes a través de las heces del hospedador definitivo; posteriormente dichas fases infectantes son ingeridas, penetran por la piel o por algunos vectores a un hospedador y dentro del mismo, migran hacia su órgano blanco en donde alcanzan la madurez sexual, reproduciéndose hasta eliminar a la fase infectante al ambiente cerrando así el ciclo. Pueden presentarse ciclos en donde sólo interviene un hospedador o que se requiera más de un hospedadores o vectores para analizar su desarrollo, lo que es de importancia para su epidemiología y estrategias de control (Traversa, 2012).

Parásitos más frecuentes y relevancia clínica

Los parásitos que se encuentran más comúnmente en caninos incluyen diversos helmintos gastrointestinales como Toxocara canis, Ancylostoma caninum, Trichuris vulpis, Dipylidium caninum, así como protozoarios, entre los que destacan Giardia duodenalis y Cystoisospora spp. Todos ellos pueden generar efectos adversos en el hospedero.

Toxocara canis es de particular importancia durante la gestación, ya que puede transmitirse por vía transplacentaria, afectando el desarrollo fetal. Por su parte, Ancylostoma caninum puede transmitirse por vía oral, transmamaria y cutánea; además, se caracteriza por ser altamente hematófago, adhiriéndose a la mucosa intestinal y produciendo anticoagulantes que le permiten consumir sangre de manera continua, lo que puede provocar anemia severa, hipoproteinemia e incluso la muerte, especialmente en cachorros.

En cuanto a los protozoarios, Giardia duodenalis es uno de los agentes más prevalentes y con frecuencia se presenta de forma subclínica, con eliminación intermitente de quistes al ambiente (Nagamori et al., 2025; Decorte et al., 2026).

Diagnóstico

Las parasitosis subclínicas representan un reto diagnóstico, ya que generalmente se requieren pruebas de laboratorio para su identificación y tratamiento. Entre los métodos más utilizados se encuentran los exámenes coproparasitoscópicos por frotación y las pruebas de inmunoensayo, como el ELISA fecal para la detección de antígenos; en algunos casos también se emplean técnicas moleculares, como la PCR. Para estos métodos diagnósticos se recomienda realizar muestreos y análisis seriados, debido a que la eliminación de las fases infectantes puede ser intermitente (Sta ord et al., 2020 ; Inacio et al., 2022).

Medicina preventiva

Existen guías actualizadas de organismos internacionales, como el Companion Animal Parasite Council (CAPC) y el European Scienti c Counsel on Companion Animal Parasites (ESCCAP), que señalan que la desparasitación en perros debe abordarse como una estrategia preventiva continua y no únicamente como un tratamiento ocasional frente a parasitosis clínicas. Estas recomendaciones establecen que, en perros adultos, se realicen al menos dos estudios coproparasitoscópicos al año y se implementen esquemas de desparasitación con una frecuencia mínima trimestral, ajustando el protocolo según el riesgo individual, el entorno y la exposición a otros animales. Asimismo, enfatizan la importancia de un control integral durante todo el año, incluyendo la recolección oportuna de heces, con el fin de reducir la diseminación ambiental de formas infectantes y proteger tanto a otros animales como a las personas susceptibles (ESCCAP, 2026; CAPC, 2025).

Conclusión

Las parasitosis subclínicas constituyen un problema frecuente en la Medicina Veterinaria, ya que representan un riesgo tanto para el paciente como desde el punto de vista epidemiológico. El diagnóstico y tratamiento oportunos, así como la implementación de medidas de medicina preventiva, son fundamentales para el control de estas infecciones.

Responsable del contenido:

Departamento Técnico de Holland Animal Health

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