Enfermedad inflamatoria intestinal en perros y su manejo con prednisolona

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es una de las causas más comunes de diarrea crónica y pérdida de peso en perros adultos.

Se define como una enteropatía inmunomediada crónica caracterizada por la in ltración linfoplasmocitaria, eosinofílica o mixta en la mucosa intestinal, con alteraciones en la permeabilidad y en la función de barrera (Jergens y Simpson, 2012). Su etiología es multifactorial e implica una interacción anómala entre factores genéticos, ambientales, dietéticos, inmunitarios y microbianos (Rhimi et al., 2022).

Epidemiología

La EII se presenta principalmente en perros adultos de mediana edad (4 a 8 años), aunque se han descrito casos en animales jóvenes y geriátricos (Jergens y Simpson, 2012). Algunas razas predispuestas incluyen Pastor Alemán, Basenji, Boxer, Shar Pei y Border Collie, lo que sugiere un componente genético. No existe predilección clara por sexo, y la prevalencia estimada varía entre 1 y 5 % de los perros con síntomas digestivos crónicos (Malewska et al., 2011).

Fisiopatología

La  fisiopatología de la EII en perros refleja una respuesta inmunitaria exacerbada del huésped frente a antígenos luminales normales, en especial bacterianos y dietéticos (Rhimi et al., 2022).

Este proceso incluye:

-Disbiosis intestinal: una disminución de bacterias beneficiosas como Faecalibacterium y Bi dobacterium.

-Disfunción de la barrera epitelial: la pérdida de proteínas de unión permite el paso de antígenos y la activación de linfocitos T.

-Inflamación crónica de la mucosa: las células T y macrófagos liberan ficitocinas proinflamatorias como TNF- , IL-1 e IL-6.

-Alteración del metabolismo lipídico y del sistema inmunitario local, que perpetúan el daño y la diarrea crónica (Atherly et al., 2019).

Manifestaciones clínicas y diagnóstico

Los signos clínicos incluyen vómito, diarrea intermitente o crónica, pérdida de peso, flatulencias, dolor abdominal y cambios en el apetito. El diagnóstico se basa en exclusión de causas secundarias (parasitarias, infecciosas, metabólicas) y con rmación histopatológica mediante biopsia intestinal (Jergens y Simpson, 2012).

Rol terapéutico de la prednisolona

La prednisolona es un glucocorticoide sintético que actúa como potente antiin amatorio e inmunosupresor. Su mecanismo principal se basa en la unión al receptor citoplasmático de glucocorticoides (GR), formando un complejo activo que se transloca al núcleo, donde modula la transcripción génica. Este complejo suprime la expresión de genes proin amatorios asociados con las citocinas IL-1 , IL-2, IL-6, IFN-  y TNF- , y al mismo tiempo induce la síntesis de proteínas antiin amatorias como la lipocortina-1, que inhibe la fosfolipasa A  y bloquea la producción de prostaglandinas y leucotrienos (Malewska et al., 2011). Además, la prednisolona reduce la adhesión y migración de leucocitos al epitelio intestinal, disminuye la permeabilidad capilar y suprime la activación de linfocitos T y macrófagos, contribuyendo a la restauración de la integridad de la mucosa (Jergens y Simpson, 2012).

Desde el punto de vista farmacocinético, la prednisolona oral se absorbe eficientemente en el intestino delgado y alcanza concentraciones plasmáticas máximas entre 1 y 2 horas postadministración en perros (Jablonski et al., 2024). La biodisponibilidad del fármaco no se ve afectada en animales con enteropatía o inflamación intestinal, lo que sugiere que la absorción oral se mantiene adecuada incluso en presencia de daño. El fármaco presenta un amplio volúmen de distribución tisular y se metaboliza principalmente en el hígado, excretándose por vía renal (Budde y McCluskey, 2023; Jablonski et al., 2024).

La prednisolona es el tratamiento de referencia en la EII canina moderada a grave. En resumen, actúa reduciendo la inflamación de la mucosa mediante varios mecanismos:

-Inhibe la producción de citocinas proin amatorias (IL-1, IL-6, TNF- ).

-Disminuye la proliferación de linfocitos T y la liberación de inmunoglobulinas por células plasmáticas.

-Restablece la integridad de la barrera intestinal aumentando la expresión de proteínas de unión epitelial como occludina y E-cadherina (Atherly et al., 2019).

Conclusión

La enfermedad in amatoria intestinal en perros es una entidad compleja, multifactorial y crónica, que requiere una intervención terapéutica inmunomoduladora. La prednisolona sigue siendo el tratamiento de elección por su e cacia probada en el control de la inflamación y apoyo en el restablecimiento de la integridad de la barrera intestinal.

Fisiopatología e impacto en el hospedador

Las parasitosis subclínicas pueden afectar a los perros de forma crónica y silenciosa, alterando la microbiota del intestino delgado y del colon, lo que repercute en la absorción de nutrientes.

Además, pueden comprometer el estado inmunológico del hospedador e incluso afectar su rendimiento general (Taylor et al., 2024).

Este tipo de infecciones puede persistir durante periodos prolongados, ya que el sistema inmunológico del hospedador es capaz de controlar parcialmente la carga parasitaria sin lograr eliminarla por completo (Taylor et al., 2024).

Epidemiología y transmisión

Todos los parásitos tienen un ciclo biológico que implica una serie de etapas que le permiten su reproducción y transmisión. De manera general, los ciclos inician mediante la eliminación en el ambiente de fases infectantes que pueden ser larvas, huevos, quiste u ooquistes a través de las heces del hospedador definitivo; posteriormente dichas fases infectantes son ingeridas, penetran por la piel o por algunos vectores a un hospedador y dentro del mismo, migran hacia su órgano blanco en donde alcanzan la madurez sexual, reproduciéndose hasta eliminar a la fase infectante al ambiente cerrando así el ciclo. Pueden presentarse ciclos en donde sólo interviene un hospedador o que se requiera más de un hospedadores o vectores para analizar su desarrollo, lo que es de importancia para su epidemiología y estrategias de control (Traversa, 2012).

Parásitos más frecuentes y relevancia clínica

Los parásitos que se encuentran más comúnmente en caninos incluyen diversos helmintos gastrointestinales como Toxocara canis, Ancylostoma caninum, Trichuris vulpis, Dipylidium caninum, así como protozoarios, entre los que destacan Giardia duodenalis y Cystoisospora spp. Todos ellos pueden generar efectos adversos en el hospedero.

Toxocara canis es de particular importancia durante la gestación, ya que puede transmitirse por vía transplacentaria, afectando el desarrollo fetal. Por su parte, Ancylostoma caninum puede transmitirse por vía oral, transmamaria y cutánea; además, se caracteriza por ser altamente hematófago, adhiriéndose a la mucosa intestinal y produciendo anticoagulantes que le permiten consumir sangre de manera continua, lo que puede provocar anemia severa, hipoproteinemia e incluso la muerte, especialmente en cachorros.

En cuanto a los protozoarios, Giardia duodenalis es uno de los agentes más prevalentes y con frecuencia se presenta de forma subclínica, con eliminación intermitente de quistes al ambiente (Nagamori et al., 2025; Decorte et al., 2026).

Diagnóstico

Las parasitosis subclínicas representan un reto diagnóstico, ya que generalmente se requieren pruebas de laboratorio para su identificación y tratamiento. Entre los métodos más utilizados se encuentran los exámenes coproparasitoscópicos por frotación y las pruebas de inmunoensayo, como el ELISA fecal para la detección de antígenos; en algunos casos también se emplean técnicas moleculares, como la PCR. Para estos métodos diagnósticos se recomienda realizar muestreos y análisis seriados, debido a que la eliminación de las fases infectantes puede ser intermitente (Sta ord et al., 2020 ; Inacio et al., 2022).

Medicina preventiva

Existen guías actualizadas de organismos internacionales, como el Companion Animal Parasite Council (CAPC) y el European Scienti c Counsel on Companion Animal Parasites (ESCCAP), que señalan que la desparasitación en perros debe abordarse como una estrategia preventiva continua y no únicamente como un tratamiento ocasional frente a parasitosis clínicas. Estas recomendaciones establecen que, en perros adultos, se realicen al menos dos estudios coproparasitoscópicos al año y se implementen esquemas de desparasitación con una frecuencia mínima trimestral, ajustando el protocolo según el riesgo individual, el entorno y la exposición a otros animales. Asimismo, enfatizan la importancia de un control integral durante todo el año, incluyendo la recolección oportuna de heces, con el fin de reducir la diseminación ambiental de formas infectantes y proteger tanto a otros animales como a las personas susceptibles (ESCCAP, 2026; CAPC, 2025).

Conclusión

Las parasitosis subclínicas constituyen un problema frecuente en la Medicina Veterinaria, ya que representan un riesgo tanto para el paciente como desde el punto de vista epidemiológico. El diagnóstico y tratamiento oportunos, así como la implementación de medidas de medicina preventiva, son fundamentales para el control de estas infecciones.

Responsable del contenido:

Departamento Técnico de Holland Animal Health

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